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02/03/2013

Cine y tauromaquia: “Un vampiro para dos” y “Vente a ligar al Oeste”

 

Los toros han tenido su lugar de manera explícita en la filmografía española, declaración esta que sobra por obvia pero que me lleva al tema en cuestión, que es el de los toros como elemento tangencial o recurso para explicar España o los españoles. En este caso no podemos guiarnos por los títulos que fácilmente nos llevarían a encontrar el recurso taurino. No es tan fácil como un Tarde de toros de toros o un Niño de las Monjas, donde ya sabemos que el tema de la tauromaquia va a estar presente. Hay películas cuyo título no nos indica que los toros van a aparecer, pero que, como la Blancanieves de Pablo Berger, ya comentada en este blog, se revelan profundamente taurómacas. 

Hay otras películas del cine español en las cuales el tema de los toros se ha colado de manera sibilina. Normalmente lo ha hecho para hablar de las bondades del macho hispánico, del macho torero derivado en landismo de pelo en pecho. Este es el caso de Vente a ligar al Oeste (Pedro Lazaga, 1972), donde un atribulado Alfredo Landa es obligado por una artista americana que anda rodando películas del oeste en Almería a vestirse de torero para satisfacer los deseos del tópico español. En principio, el episodio está metido con calzador puesto que el argumento se centra en el intento de Landa de buscarse la vida como actor de películas del oeste en Almería.

En el, llamémoslo episodio taurino, la susodicha estrella, interpretada por Mirta Miller, borracha como una cuba, se empeña en que Alfredo Landa sea para ella El Cordobés: “tú ahora Manuel” le espeta, con música de pasodoble de fondo. Debe tenerse en cuenta que a las guiris se las trataba de atraer a España con el reclamo de una tarde de toros, causa por la cual a Manuel Benítez El Cordobés le dieron en 1967 la Medalla al Mérito Turístico. Las referencias al macho hispánico como torero se le cuelan a la ya lánguida censura con una genial frase de Landa, perdón, del guionista Vicente Escrivá, cuando contesta a Marta Miller que él no es El Cordobés pero ante la insistencia de ella Landa le contesta “nada, que esta corrida es a beneficio de El Cordobés”. Estaba claro que en asuntos taurino-testosterónicos, no había censura que valiese. Las referencias taurinas no acaban ahí puesto que, no podía ser de otro modo, llega el marido de Marta Miller, que es el director de la película del oeste que están rodando en Almería y donde Landa pretende conseguir un papel. Aquí, el marido cornudo es explícitamente convertido en Miura por un verdadero macho español de pelo en pecho, es ridiculizado mientras es besado por la esposa y Landa se esconde tras un biombo. Todo esto se puede ver a partir del minuto 28 de película y constituye la única referencia a los toros en la cinta.

En cuanto a la película, ya que estamos, tiene una primera parte magnífica si la consideramos dentro de los parámetros del landismo, decayendo al final cuando la historia sentimentaloide entre Landa y Tina Sainz se impone sobre el trasfondo social. Ahora bien, contiene una de las escenas más divertidas del cine español, aquella en la que un borracho y magnífico Antonio Ferrandis, llorando a su hijo muerto en la ficticia película del oeste que se está rodando, sustituye el inglés que no ha logrado aprenderse de memoria por la carrerilla: “Si no vienes mañana, judías de la granja 64, págale al guardacoches con la mano derecha, te frío un queso…” (minuto 1:05:00)

Referencias de este tipo también las hay en otras películas españolas, en el sentido del tópico del español macho y torero que encandila a las guiris (si borrachas, mejor). Pero no es en absoluto usual que durante la dictadura franquista las referencias a lo taurino tengan más que ver con el carácter sangriento de la Fiesta que con la imagen del español de espíritu torero. Y curiosamente será también en una película dirigida por Pedro Lazaga (Un vampiro para dos, 1965) donde esto ocurre. El guión es del propio Lazaga y José María Palacio y es posiblemente uno de los más descabellados (valga la expresión taurina) del cine español.

Con un comienzo prometedor en el que nuevamente Alfredo Landa, acompañado de La simpar Gracita Morales, se marcha a la emigración alemana, la película deriva en una de vampiros, donde el de los colmillos afilados es el Barón de Rosenthal, interpretado por Fernando Fernán Gómez. La secuencia taurina (m. 58 y ss.) no tiene parangón en el cine patrio. Gracita Morales y Landa le explican al Fernán Gómez-vampiro, después de haberle servido sangría y sangre frita (no humana) con cebolla, el lugar de donde vienen y la fiesta por antonomasia, la corrida de toros y se la describen con pasodoble de fondo: la suerte de picar (“le clavan al bicho un tanto así, una vez, o dos o nueve o lo que aguante el toro… o lo que aguante el caballo, que hay corridas que tienen que aguantar con las tripas fuera…”), las banderillas (“tres pares y cuando el toro está bien castigado…”), la suerte de matar (“…la espada en todo lo alto del morrillo, y el descabello para rematarlo si hace falta…”); Gracita Morales, con un Fernán Gómez mareado por las imágenes de la sangre del toro, apostilla: “Es una fiesta hermosa”. Para acabar de darle al vampiro la imagen de lo que son los toros, Landa le explica que “si todo va bien, le cortan las orejas al toro, y el rabo, y hasta hay fenómenos que cortan la pata…”. Ante esta última afirmación, el vampiro Fernán Gómez exclama: “Españoles sanguinarios” y cae desmayado imaginándose la crueldad de lo que le están contando. La secuencia recuerda a aquello que se cuenta de Heinrich Himmler cuando acudió en Las Ventas a la corrida de toros que conmemoraba “la victoria” franquista y tuvo que salirse del festejo por no aguantar la visión de la sangre del toro.

Más allá de un análisis en torno a la diferente sensibilidad sobre lo que ocurre en la corrida de toros, esta película de vampiros de juguete es la única -hasta donde yo pueda afirmar- en la que las referencias a la Fiesta son negativas, calificándola de sanguinaria. Recuérdese la fecha, 1965, justo en los años gloriosos de Manuel Benítez El Cordobés, referencia positiva de la otra cinta de Lazaga comentada. Y es que el cine español esconde muchas sorpresas entre sus fotogramas, aunque quizá la de este vampiro Fernán Gómez desmayado imaginándose la sangre del toro sea la más rotunda que se pueda encontrar. Aún así, me quedo con Landa besando a Mirta Miller vestido de torero antiguo.

 

Fernando González Viñas.

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