Blog
27/04/2013

Aquí meó Manolete

Toda la semana he estado repintando la fachada de mi casa, maldiciendo al puto grafitero que ha dejado sus iniciales burdamente escritas en ella. Cuando pensaba que la imaginación del artista quedó olvidada en las paredes pompeyanas cubiertas por la lava del Vesubio (¿conocen el libro Grafitis amatorios pompeyanos?) y a lo más que podíamos aspirar era a firmas de autobombo de niñatos ociosos, entonces voy y me encuentro en una esquina de Córdoba el grafiti en letras de molde que pueden ver en la fotografía.
Precisamente en Córdoba tenía que aparecer este sorprendente “Aquí meó Manolete”, aunque le falte el acento. Esta afirmación está a la altura artística de las latas de conserva con “Merde d´ artiste” que el artista italiano Piero Manzoni expuso en 1961 en la galería Pesceto.

Para los tontos que organizan conferencias del tipo “Los toros en el arte” y se creen que acaban de inventar el mundo quedará ahora definitivamente corroborado el hecho artístico de la cosa taurina. Pero no hagamos casos a los tontos, este hecho, este “Aquí meó Manolete” es el que ha beatificado definitivamente a Manuel Rodríguez Sánchez. Pronto, ese rincón, un rincón que para más inri forma parte de la Escuela de Arte Dramático de Córdoba, se llenará de verdina y humedad porque no habrá aficionado ni becerrista que no quiera mear allí, yo el primero. Manolete sigue siendo un dios y su arte, dramático, le llegaba hasta la uretra; algunos ya lo sabíamos, otros lo están descubriendo cuando pasean camino de la Judería, junto a la renovada fachada de esta escuela que enseña a danzar y a actuar, que enseña a aparentar, que es menos que lo que era Manolete, porque ya Ramón Gaya escribió que Manolete no hacía nada en la plaza, no actuaba, porque era.
Desde los versos de Góngora, nada más grande se ha escrito en esta ciudad, por mucho que alguna poetisa antitaurina atiborrada de panceta se lo haya creído.
¿Cuánto durará este mandamiento en la pared antes de que la blanca cal se trague tamaña ley universal? Da igual, lo importante es que Manolete sigue enviándonos señales a través de médiums que unas veces aparecen borrachos en una taberna y otras con una lata de pintura en la mano. El caso es que Manolete en vida debió de pasar alguna vez por esta calle que ahora le recuerda, quizá pasó alguna noche, quizá se bebió un White Label de más, quizá la vejiga le avisó e hizo algo que nunca hizo con la muleta en la plaza por mucho que algunos mentirosos le criticaran: aliviarse.
¡Corred, corred todos a Córdoba a ver este revelación mariana! Es como si los tres pastorcillos de Fátima ya viniesen hacia aquí. La tauromaquia es cosa sagrada, bebe en Altamira, grafiti precursor de este revelador “Aquí meó Manolete”. Por eso, dentro de poco, este rincón se llenará de velas encendidas y ramos de flores, recordando la perfumada micción de Manuel Rodríguez Sánchez, dios.

Fernando González Viñas.

Actividad subvencionada por el Ministerio de Cultura

Gobierno de España | Ministerio de Cultura