Aquí meó Manolete

Toda la semana he estado repintando la fachada de mi casa, maldiciendo al puto grafitero que ha dejado sus iniciales burdamente escritas en ella. Cuando pensaba que la imaginación del artista quedó olvidada en las paredes pompeyanas cubiertas por la lava del Vesubio (¿conocen el libro Grafitis amatorios pompeyanos?) y a lo más que podíamos aspirar era a firmas de autobombo de niñatos ociosos, entonces voy y me encuentro en una esquina de Córdoba el grafiti en letras de molde que pueden ver en la fotografía.
Precisamente en Córdoba tenía que aparecer este sorprendente “Aquí meó Manolete”, aunque le falte el acento. Esta afirmación está a la altura artística de las latas de conserva con “Merde d´ artiste” que el artista italiano Piero Manzoni expuso en 1961 en la galería Pesceto.

Para los tontos que organizan conferencias del tipo “Los toros en el arte” y se creen que acaban de inventar el mundo quedará ahora definitivamente corroborado el hecho artístico de la cosa taurina. Pero no hagamos casos a los tontos, este hecho, este “Aquí meó Manolete” es el que ha beatificado definitivamente a Manuel Rodríguez Sánchez. Pronto, ese rincón, un rincón que para más inri forma parte de la Escuela de Arte Dramático de Córdoba, se llenará de verdina y humedad porque no habrá aficionado ni becerrista que no quiera mear allí, yo el primero. Manolete sigue siendo un dios y su arte, dramático, le llegaba hasta la uretra; algunos ya lo sabíamos, otros lo están descubriendo cuando pasean camino de la Judería, junto a la renovada fachada de esta escuela que enseña a danzar y a actuar, que enseña a aparentar, que es menos que lo que era Manolete, porque ya Ramón Gaya escribió que Manolete no hacía nada en la plaza, no actuaba, porque era.
Desde los versos de Góngora, nada más grande se ha escrito en esta ciudad, por mucho que alguna poetisa antitaurina atiborrada de panceta se lo haya creído.
¿Cuánto durará este mandamiento en la pared antes de que la blanca cal se trague tamaña ley universal? Da igual, lo importante es que Manolete sigue enviándonos señales a través de médiums que unas veces aparecen borrachos en una taberna y otras con una lata de pintura en la mano. El caso es que Manolete en vida debió de pasar alguna vez por esta calle que ahora le recuerda, quizá pasó alguna noche, quizá se bebió un White Label de más, quizá la vejiga le avisó e hizo algo que nunca hizo con la muleta en la plaza por mucho que algunos mentirosos le criticaran: aliviarse.
¡Corred, corred todos a Córdoba a ver este revelación mariana! Es como si los tres pastorcillos de Fátima ya viniesen hacia aquí. La tauromaquia es cosa sagrada, bebe en Altamira, grafiti precursor de este revelador “Aquí meó Manolete”. Por eso, dentro de poco, este rincón se llenará de velas encendidas y ramos de flores, recordando la perfumada micción de Manuel Rodríguez Sánchez, dios.

Capotillo: el rock taurino de Yacentes.

Mientras que en Madrid los Gabinete Caligari cantaban que el Pasmo de Triana tenía una Luger en la mano, canción rockera que explicaba a su público el suicidio de Belmonte con su pistola alemana, en Córdoba un grupo inclasificable llamado Yacentes se desmarcó con una canción que llamarían Capotillo. – A todo esto, hago un pequeño inciso, aquella Luger que poseía Belmonte debió estar fabricada por la empresa Mauser en el pueblo de Oberndorf donde yo pasé mi infancia.-

No era lo mismo la movida madrileña que la movida cordobesa, evidentemente. Pero en la ciudad de los califas surgieron una serie de grupos que bebían de esas fuentes de libertad y valentía que trajeron los 80. Sin lugar a dudas la banda más emblemática y personal fueron los Yacentes. Liderada, en la voz, por el Tónicas, contaba entre otros con Charli de la Mata a la guitarra y Álvaro Muñoz. Este Álvaro sigue aún hoy día con proyectos musicales que han tenido mucha mayor calidad que éxito. Se le conoce como Tarik y ya entonces lideraba una banda paralela a Yacentes, los Tarik y la Fábrica de colores. El nombre de Tarik no es casual, su padre firmaba como Tarik de Imperio en su labor de crítico taurino en Córdoba.

Pero volvamos a Yacentes y su canción Capotillo. Apareció en su primer y único vinilo (En cepos de piedra), junto a otros dos temas, El camino y Elena, y nos hablaba del redondel y de la bandera de España y toda una serie de tópicos. El tema taurino no ha estado exento en el pop-rock nacional y existe un estudio exhaustivo en uno de los últimos números de la excelente revista sevillana Revista de Estudios Taurinos. Lo que hacía especial a este tema era que los mimbres del grupo, aparte de la relación familiar de Tarik, poco podrían indicar que el tema taurino se ajustase a un repertorio coherente. Porque los Yacentes no eran un grupo cañí como los Gabinete Caligari, a los que una canción taurina les quedaba que ni pintada; no, los Yacentes eran un grupo que podríamos llamar de rock gótico, con sensibles influencias de bandas británicas del momento como The Cure o Jesus and Mary Chain, grupos oscuros de sonido y temática de aquellos años 80. Y su imagen iba acorde a aquellos sonidos y a aquella movida cordobesa que se reunía en el bar Varsovia, en el Etc. o en el Sangre Española, nombre por cierto de otra canción taurina de Gabinete Caligari.

Yo vi en numerosas ocasiones actuar a los Yacentes, seguramente cada vez que actuaron en Córdoba, y como se puede ver por la foto adjunta, hubieran pasado más desapercibidos si se hubiesen vestidos de toreros. El Tónicas, sin ir más lejos, solía ir calzado con unos zapatos cuya punta debía medir metro y medio y se retorcía sobre sí misma, o así lo recuerdo. En cualquier caso, menos los pelos cardados, porque yo los llevaba rizados a lo cantante de Simply Red, las pintas que llevaban los Yacentes eran las mismas que llevaba yo en aquellos años. Sólo que yo me atrevía a ir a los toros así, con la consiguiente rechifla general. Queda aquí la canción para que la escuchéis, un documento más de los intentos de acercarse al mundo taurino por parte de nuestros rockeros.

 

¿Pero quiénes son Los Toros?

Además de tener dos cuernos y cuatro patas, al parecer Los Toros sabían tocar la guitarra en época yeyé, o eso parece desprenderse de este fabuloso documento que adjuntamos en primicia. Los Toros, desconocidos, ignotos, perseguidos por la censura como si de un sindicato prevertical se tratase. ¿Por qué han estado ocultos? ¿Por qué aparecen de nuevo? ¿Están embalsamados como las cabezas de toro de la Taberna Guzmán? Intentaré seguir investigando y dar más noticias de esta banda de cornúpetas que aquí presentamos. Lo prometo. Vean, vean a Los Toros…

Actividad subvencionada por el Ministerio de Cultura

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