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Especial ‘Cosmopoética’

Los poetas le han sido esquivos a nuestras hojas: no han abundado en el Boletín de Loterías y Toros las rimas ni las leyendas.

Cristóbal López de la Manzanara. Ezequías Blanco. Fernando González Viñas: Historiador y escritor Ginés Liébana: Poeta Manolo Romero: Poeta Verónica Aranda.

Ha llegado el momento de darle el espacio a la poesía. Nos vemos empujados, obligados y convencidos a ello gracias a la extraordinaria labor que desde el año 2004 realiza el festival Cosmopoética. Una vez al año, el mundo de los poetas tiene su paraíso en Córdoba, una isla en la que se refugian poetas que han sido premios Nobel y poetas que lo van a ser pero se esconden todavía detrás de sus versos. La ciudad hierve, las letras sueltas se escapan de las cabezas de los que participan como invitados o como público de Cosmopoética, una raya en el calendario que todo poeta espera. El Boletín, revista que nace en la ciudad de Góngora, de Pablo García Baena, ha reservado este especial Cosmopoética como acto de justicia hacia el festival impulsado desde el Ayuntamiento de Córdoba y que posiblemente sea uno de los mayores aciertos que ha tenido la ciudad de cara a su aspiración de convertirse en Capital Europea de la Cultura en el año 2016. Quien haya estado en Cosmopoética habrá podido comprobar que la poesía es palabra, también imagen, al igual que imaginación, creación y, quizá, sueño. Sueño del que transporta a mundos que quizá no existan. En eso, el Boletín y Cosmopoética, van de la mano.

Algunos de los poetas que escriben para el Boletín en este especial Cosmopoética no se conocen entre sí. Les ha unido el toro, el animal que ha identificado este país desde Estrabón. El toro, o el torero. Se lamentaba Machado de no ser banderillero y haber caído al infierno de ser un grandioso poeta. No parece haber unidad en los poemas que aquí presentamos y que han sido escritos especialmente para esta revista; o quizá sí la hay pues la mirada hacia el toro negro provoca la misma sensación que la mirada hacia el folio en blanco: el miedo.

 

Al toro de lidia

Artesanía negra y propiedad del círculo
para el escándalo y el asombro confraternizados
en un ímpetu naciendo a la derrota
por el aforismo que propugna el azar
sobre las aulas de hierba donde aprende el vigor.
Mientras, espera un rito que se pierde por los ojos
de cualquier tarde con residencias de arenas
en la calentura siempre redonda
con el pánico de sus dos cuartos menguantes desgranados:
confirmación iracunda de fuerza asombrada.
Y después, cuando el ruido se haga penumbra de alboroto
y el corazón quede tirado en la sílice a goterones,
todo habrá cumplido con la muerte y sus términos;
antes que el vino y la suerte de vida se equivoquen.

Cristóbal López de la Manzanara

 

Banderillero tedesco

Salió del pueblo llano.
Confundió la franela con la bandera de la tarde.
Se ató la taleguilla y no quiso otro suelo
que el de la arena de albero.
En ella plantó las zapatillas con trapío.
Desde la Lagunilla del Colodro
aferrado a lo enteco, bajito de a pie,
Adán con fundamento paleolítico
se vino arriba con montera y espada.

En las barcazas del descubrimiento
los cortos de estatura
descendían del bastión los primeros.
Desde entonces la muchedumbre
desembarca en el ruedo.

¡Arteria de clarines, embustes de plata
prendas de petillo, brincos y atarantapayos!
y para agasajar a la res
enredada en la brega
se viste de nazareno y azabache
para salir por puerta de cuadrillas entre clamores.

Ginés Liébana

 

Tarde de escobas

De ciruela y azabache
el diestro cigarrito
entra al teorema limpio
y arrebata el sentido
de las repisas buitreras.

Genera sustancia de fino recorrido
y como un jincho se para.
En la tronera del burlaero entra al quite.
¡No se puede transmitir más!

El subalterno oriental pastelón
de manzana y plata
le pone los cuartos traseros de la res
uno con química, otro con física.

Malazón de canela y oro
con la pala rota
moja con agua
mineral el capote.

El astado se rebela
y escupe la espada
¡Sobran las palabras!
Quítale los alamares.

¡Que lo saquen en hombros¡
¡Tirad el sombrero!
los escobinas por el callejón
muestran desagrado en sus muecas.

Ginés Liébana

 

Mi deseo primero

Y antes que un tal poeta, mi deseo primero
hubiera sido ser un buen banderillero.

Manuel Machado

 

Mi deseo tenía faz de albero
y el clarín de las cinco de la tarde
y la amapola que en el muslo arde
y el arriesgado brillo del acero.

Mi deseo era un traje de torero
corinto y oro, y nunca ser cobarde,
ir a porta gayola y un alarde:
torear despacio bajo el aguacero.

Mi deseo: citar por naturales,
poner al quiebro un par de banderillas,
ser como el samurái y el viejo asceta.

Pero, herida caí sobre trigales;
cambié la Maestranza de Sevilla
por una escribanía de poeta.

Verónica Aranda

 

Si hasta el rabo todo es toro
hasta el toro todo es rabo

Impulso ciego de la noche negra
deja a la madrugada en su escondite.
Yo soy la bailarina
que tiembla cuando tiembla
y soy el sueño de un toro
el viento en la muleta
que borda por la vida naturales
tras buscar en la sombra a las estrellas…

El escorzo imposible que generan
las manos amorosas las caricias
de los oscuros valles frescas
cuando más sordos se hacen los silencios
porque los corazones truenan
se aviene al pacto por los misterios de la suerte.
Y en cada piano suenan las danzas de la muerte.

Ezequías Blanco

 

Morante de la Puebla, tabaco y oro,
gallea por chicuelinas con Alboroto,
negro mulato listón

Negro mulato mira.
Tabaco y oro llama con el pétalo
más lento de la rosa.
Y la bravura acude
para pastar la sal de la pavana.

Tabaco y oro rota
levemente los ejes de la brisa
para ceñirse fucsia
con los sonidos negros
que vibran en las sombras del peligro.

Tabaco y oro vuelve
a transformarse rosa en la mudanza,
parsimonia tangente,
al paso del compás
que derrama el misterio de sus vuelos.

Abre otra vez su llama
la balsámica rosa del percal.
Tabaco y oro quiebra.
Su paso a dos provoca
el clamor de los círculos concéntricos.

Se acabaron los pétalos.
Y este dios, este adiós arrebujado
en la media verónica,
pliega la letanía
en los encajes de la gracia plena.

Manolo Romero Mancha

 

RAFAEL RUIZ, «RAFA EL GORDO»

El 1 de Noviembre de 2008 falleció repentinamente Rafael Ruiz, persona muy famosa y querida por su singularidad, en su barrio de Ciudad Jardín.

Rafael Ruiz, Rafa el Gordo, regentaba el Mesón El Nombre es lo de menos, en La Torrecilla, y el Mesón La Copla, en la Calle Infanta Doña María, muy cerca de la Plaza de Toros. Rafa, célebre tanto por sus peroles, como por la sofisticada cocina de sus restaurantes, fue una persona polifacética, que lo mismo escribía un espléndido libro didáctico sobre el corte del jamón, que dirigía una tertulia taurina, o de flamenco, o de chirigotas, y lo mismo acogía reuniones cofrades, que de catadores de vino. Era el aglutinante de diversos mundillos, por su generosidad y su simpatía, al lado de Inma, su mujer y su musa.

En un apartado del mesón está La sacristía, con aire de santuario, el lugar donde elaboraba su vino y que también servía de escenario en recitales poéticos o de cante y de reuniones de la Peña Manolete, que dirigía. El día 1 de noviembre había convocado una fiesta para presentar el recién nacido vino de este año 2008; poco antes de la hora de la celebración le sobrevino el infarto que causó su muerte.

Enseguida sus parroquianos y amigos se agitaron recopilando fotografías y testimonios sobre la figura de Rafa para hacerle un homenaje de urgencia, porque su vacío ha sido muy doloroso y necesitan llenarle con su recuerdo; no quieren que se clausure ese lugar de encuentro tan querido donde palpita su memoria. Yo me uno a ese homenaje con este romance evocativo de su persona, desde mi admiración:

 

Apoteosis celestial de Rafa Ruiz

Era el uno de noviembre.
Todos los Santos vinieron
a llevarse a Rafa el Gordo
a los «Villares» del cielo.
Querían que Rafa hiciese
un perol al Padre Eterno.
La peña de querubines
y ángeles chirigoteros
le esperaban en la puerta
de la Gloria con San Pedro.
Entró haciendo el paseíllo
como los grandes maestros,
vestido todo de luces
y desnudado de tiempo;
alegre y parsimonioso,
pisando con paso lento.
Su mandil de alternativa
centelleaba destellos
como su risa brillante,
como sus ojos risueños.
Estaban abarrotadas
las nubes del firmamento
de almas buenas saludándole
con aplausos y aleteos.
En el tendido del siete
la charpa de los toreros
toreaba de salón
a un espíritu berrendo.
En el palco celestial
se hizo un profundo silencio
cuando el Espíritu Santo
hizo acrobacias de vuelo
para posarse en el hombro
del ilustre cocinero.
A la derecha de Dios,
trajeado con un terno
de azul purísima y oro,
Manolete con el gesto
de los bienaventurados
sacó su blanco pañuelo
para saludar a Rafa
que iba atravesando el ruedo.
Y Camarón rodeado
de los duendes del flamenco
le cantó en la ceremonia
por bulerías y tientos.
San Rafael se vistió
para el acontecimiento
con su casulla de gala
y como un ultraligero
voló sobre los tendidos
y luego bajó al albero
para dar la alternativa
al Califa Tabernero.
Fue entregándole los trastos
a su tocayo maestro:
Una chaira de afilar,
un cuchillo jamonero,
una cuchara de palo,
un tenedor y un mortero.
Cuatro arcángeles bajaron
el perol más gigantesco
que pudiera imaginar
el Libro Guinness del Record.
Y al arenal de la gloria
subieron desde infierno
más de trescientos demonios
para encargarse del fuego.
Los santos chinos echaron
los arroces más selectos,
los ángeles de Baena
su aceite del Cancionero,
los beatos de Pedroches
las presas de cerdo ibérico,
ajos los de Montalbán,
y chorizos los de Espejo…
Y Rafa, ya todo un santo,
les hizo el brindis diciendo:
¡Va por ustedes el guiso,
que empiece el cuchipandeo!
Cocinó con la liturgia
que requería el evento;
para lograr el perol
más glorioso y suculento,
que si lo hubiera hecho en Córdoba,
dirían que era del cielo.
No dejó ni una mijita
la tropa del Padre Eterno…
Se bebieron diez cosechas
de la Ribera del Duero,
otras tantas de Moriles,
y otras tantas de Burdeos,
veinte cisternas de güisqui,
de vodka y de Ron Pampero.
Un pastel cordobés hizo
de postre, y para el relleno,
un ángel le regaló
la cidra de su cabello.
Cuando acabó el perolete
a Rafa el Gordo le dieron
las dos orejas y el rabo
de un demontre fogonero.
San Cristóbal le sacó
a hombros por el firmamento,
y detrás Todos los Santos
bailando la conga fueron
por las calles infinitas
que cruzan el Universo
Después hicieron un corro
con Rafa Ruiz en el centro
y le nombraron patrón
de los peroles del cielo.
Luego una banda cachonda
de angelitos trompeteros
lo celebraron tocando
«Paquito Chocolatero».
Como homenaje a Rosita
y a Inma, Rafa Ruiz ha abierto
una franquicia en la Plaza
Principal del Universo.
Otro «Mesón de la Copla»,
otro «El nombre es lo de menos»,
donde todo sabe a gloria,
eso dicen los del cielo.

Soñando con ser torero
acabó de picador,
comenzó de cantaor
y acabó de cocinero…
Y como era el mejor
se lo llevaron al cielo.

Manolo Romero Mancha

 

Islera Mon Amour (Desolladero antibelicista)

Vaca viuda de torero muerto
que vas calmando tu furia con el tiempo.

Vaca loca de atardecer sangriento
que tus tropas moras fueron masacrando.

Vaca estúpida de fusiles barítonos
que engendraste el toro
que acabó con todo.

A ti, vaca idiota,
nunca te amé.

Fernando González Viñas

 

El rapto de Europita (Telenovela colombiana)

A Europita le gustaba la bestia
cuando se incorporaba para bailar tangos era como si llevara
un puñal clavado.
Europita estaba harta de caramelos de palma y cenas frías.

Hembra en llamas
disconforme con el mundo que la rodea
anhelaba un traslado
para alejarse del humo de los guisos.
Su brasa apurada era un volcán.

Su novio, un torero llamado
Deferencio de Alcaudete, sufre
al ser cogido en una ceñida
por el pitón izquierdo de un toro
llamado Playerito.

La fatalidad hace que los que
transportan al diestro herido
no encuentren la puerta de la enfermería.

Este grupo de riesgo, desorientado
gira en en aire planetario de Júpiter
con la desesperación que eso supone.

Playerito, perteneciente a la ganadería de Soto de Caratarama
se prenda de Europita
de verla pasar a caballo entre las reses.

Este motivo, la crea el deseo de
empitonar a Deferencio.
Después de herirlo, Playerito salta las gradas
ante la gente que huye despavorida
en gritos indescriptibles.

Playerito sube al tendido
y se instala ante el palco de Europita.
Calamocheando la cabeza le dice:
¡Cojones qué guapa eres!

Europita, que vengo a que me
concedas tu mano. Europita te quiero.
Ella, molesta, indignada y fría
pasa por alto lo que ha visto y oído.

Contesta con el desdén que dan los palcos:
—Yo no hablo con toros forasteros.
Mis toros son otros.
—Europita, yo nací en las tierras de tu padre.
—¿Cómo te atreves? El haber nacido en mi campo
no te da derecho a pretenderme.
Tu madre vino de otra tierra.
Me asustan las reses que llegan
de la otra orilla del mundo.
—Europita tú…
—¡Retírate toro! ¡apártate de mi vista!
con desearme tanto te has buscado
la suerte peor.
Primero hieres a mi Deferencio
equivocas a la cuadrilla con el
anillo de la confusión que has creado
congelando tu resuello.
Luego saltas a la barrera y la contrabarrera
para prometerme amores contra-natura
¿Tú crees que es el momento adecuado?
¿No ves toro de pelo burraco que estoy desasistida?
¿Quieres obligarme a que sea tu amada?
¡No, toro, no!
Si eres un toro como tienen que ser los toros
¡sométete! Esto es lo que está esperando
de ti el público y a mí,
por encima de tu atrevimiento
el palco me protege.
La presidencia
empieza a impacientarse.
Ya están entrando los cabestros que vienen por ti
de nada te servirá rogarme,
la sensibilidad obliga siempre a tener bellas maneras
y yo me debo a mi casta. Soy una Soto-Caballero
y tú eres solo un toro.
Vete a morderle los alamares a Verónica Cepeda
esa mujer de menos cuerpo,
que fue amor de mi Deferencio.
A mí déjame en la segunda suerte
que bien me has clavado la vara.

—¡Qué engañada vives Europita!
yo soy un enviado, mi poder es grande
y no lo puedes despreciar.
Un toro como yo no existe en el mapa.
—Pues convéncete de que no estoy
dispuesta a seguirte. Ahora solo quiero
saber cómo está mi Deferencio.
Tu brutal embestida en el pase de trinchera
hace que me dé asco verte. ¡Bestia infame!

Playerito monta en su lomo a Europita y ella,
complacida y asustada, una mitad cruel
y la otra conforme a la novedad
que se le viene encima.

Una vez desaparecido el humo aliento,
entra su mozo de confianza en la enfermería.
En el delirio de la fiebre por el mal tabaco,
el herido llama a su novia.
—¡Europita dónde estás!
El peón le contesta
—Maestro, la señorita Soto-Caballero
ha sido secuestrada.
—¿Y quién se ha atrevido a cometer esa locura?
—Maestro, el mismo toro que te hirió.
—¡Vete! ¡Vete! ¡Posturas! Un toro te quita
la vida pero no te quita la mujer.
—Maestro, este sí.
—¡Cállate Posturas! No ahondes mi herida.
Vete a buscarla, dile que la quiero
tenerla conmigo para que me inunde
con sus senos de diosa.
—Maestro, la señorita no está,
Playerito se la ha llevado.
—Posturas, lo que dices no tiene
explicación, me estás ahogando
la pena. Dime ¿de dónde ha salido ese toro?
Posturas le contesta
—De la mala suerte de los dioses.
—¡La leche que mamaste Posturas!

(Sale la cupletista y entona la siguiente retahíla):
«La flor de la maravilla
tiene perfume
la flor de la maravilla
tiene perfume.
Honesto toro, honesto toro
que trató a Pasifae
con gran decoro».

Ginés Liébana

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