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Los toros, mundo de curvas. Reflexiones sobre percepción visual

La Fiesta de toros es un espectáculo donde confluyen multitud de elementos móviles, multitud de vectores direccionales enmarcados en un espacio cerrado y perfecto: el círculo.

Juan José Fernández Palomo: Filólogo

Esta es, tal vez, la característica primordial y distintiva: que todos los movimientos que acontecen tienen sentido en relación a su marco, que ningún espectador percibe lo que sucede de la misma manera. Nos encontramos alrededor de un microcosmos donde predomina la línea curva: el trote junto a las tablas del toro que acaba de salir, el vuelo de los capotes, la carrera del banderillero al encuentro del animal, la faena de muleta con el toro humillando alrededor del torero…

Cómo transportar este mundo curvilíneo al mundo recto y plano de la fotografía y la pintura es el objeto de esta reflexión.

Lo primero que me llamó la atención fue que en la mayoría de fotografías taurinas que vemos en libros, catálogos, prensa o colgadas de las tabernas, el toro suele aparecer a la izquierda de la escena, al menos, la dirección de ese movimiento congelado por la cámara sería de izquierda a derecha. De tal manera que si encontramos una fotografía con el toro a la derecha no nos parece tan espectacular, parece que «algo falta» en la impresión que pueda causarnos. ¿Por qué? ¿Nos hemos acostumbrado a ver las fotografías de izquierda a derecha o, por el contrario, hemos obligado a artistas y fotógrafos a que adecuen sus representaciones a nuestra manera de percibir, de «leer» el mundo?

Historiadores del arte como Heinrich Wölfflin han notado que los cuadros se leen de izquierda a derecha. Observó que la diagonal que va de la parte inferior izquierda a la superior derecha se ve como ascendente y la otra como descendente. El observador parece experimentar como si lo que tuviera directamente delante de sí fuera el lado izquierdo de ésta. Se identifica objetivamente con la izquierda, y lo que allí aparezca es lo que asume mayor importancia. Cuando se comparan fotografías con sus imágenes especulares, un objeto situado en primer plano dentro de una escena asimétrica parece estar más cerca en el lado izquierdo que en el derecho. Y cuando en el teatro se alza el telón tiende a mirar primero a su izquierda y a identificarse con los personajes que aparecen por ese lado. De ahí que, según Alexander Dean, entre las zonas del escenario se considere la más fuerte la del lado izquierdo (del público).

Dentro de un grupo de actores, domina la escena el situado más a la izquierda. El público se identifica con él y ve a los demás, desde la posición de él, como adversarios.

Gaffron relaciona este fenómeno con el carácter dominante de la corteza cerebral izquierda, donde se alojan los centros cerebrales superiores del habla, la escritura y la lectura. Si ese dominio se aplica igualmente al centro visual izquierdo, entonces «existe una diferencia en nuestra conciencia de los datos visuales a favor de aquellos que se perciben dentro del campo visual derecho». La visión de la derecha sería más articulada, lo cual explicaría por qué los objetos que allí aparecen resaltan más. Para compensar esta asimetría habría un refuerzo de la atención hacia lo que sucede a la izquierda, y el ojo se movería espontáneamente desde el lugar de la primera atención hacia la zona de visión más articulada. Si este análisis es correcto, el lado derecho se caracteriza por ser el más conspicuo y por incrementar el peso visual de un objeto; tal vez, cuando el centro de atención se encuentra en el lado izquierdo del campo visual, el «efecto de palanca» acrecienta el peso de los objetos de la derecha. El lado izquierdo, por su parte, se caracteriza por ser el más central, el más importante y el más acentuado por la identificación del espectador con él. Si un actor entra en escena por la derecha del observador, su presencia será advertida inmediatamente, pero el foco de la acción, en caso de no estar en el centro, seguirá estando en la izquierda.

Dado que la imagen se «lee» de izquierda a derecha, el movimiento pictórico hacia la derecha se percibe como más fácil, como si exigiera menos esfuerzo. Si por el contrario alguien cruza la imagen de derecha a izquierda, parecerá estar venciendo una mayor resistencia, empleando un mayor esfuerzo.

Es lo que ocurre con la mayoría de las fotografías taurinas: el toro, la fiera, se desplaza veloz y fácil hacia la derecha acrecentando así su fuerza; el torero, el héroe, trata de templarlo arriesgándose en un pesado y difícil movimiento adverso de derecha a izquierda.

Existe el movimiento, pero ¿cómo trasladarlo a la representación? La «figura» tiende a moverse, el «fondo» a quedarse quieto. En ese juego, el observador es un punto de referencia decisorio. El objeto en el que se fija la vista asume el carácter de «figura», en tanto que la parte restante del campo tiende a hacerse fondo. Ya que por regla general la «figura» es la que se mueve, la fijación de la vista favorece el movimiento.

Revisando los grabados y aguafuertes taurinos de Goya con una mirada «aficionada» —no es éste un adjetivo peyorativo—, observaremos ciertas desproporciones chocantes en el tamaño de los toros, toreros y caballos. La explicación tendría que ver con elementos añadidos a la mera representación de un acto que sucede en la realidad; hablaríamos de conceptos como el «dramatismo», que el artista imprime subjetivamente para que un observador pueda (o quiera) captarlo. Si, como es mi caso, ni pintamos ni fotografiamos, nuestro punto de vista se limita al de mero observador, carente de ciertos vicios y con muchos otros; eso sí, limitados al análisis de una representación que nos viene dada.

Son deformaciones que en el mundo real tal vez no tenemos tiempo de valorar.

Si, en definitiva, lo que tratamos de discernir es si una foto de la lidia es buena o mala de la manera más objetiva posible, siempre tendremos que echar mano de nuestro bagaje impresivo y, tras esa primera impresión, convenir en la dificultad de trasladar la perfección y riqueza de lo curvo en le monotonía del mundo rectilíneo.

¿Para qué seguir hablando de la cuadratura del círculo?

 

 

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